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Avatar de Mari | Una mamá emprendedora

Este artículo me ha encantado. Justo ayer lloré mucho en mi oración por causa de los problemas en mi familia, con mis padres especialmente, pero Dios me decía esto: que ellos necesitan amor para sanar, y tal vez no lo recibieron como debieron. Y que a mí me corresponde amar y tener misericordia, así como Él la tiene conmigo.

Este artículo llega preciso. Muchas gracias!

Avatar de Diana

Me encanta!!Gracias por compartirnos la reflexion

Avatar de Gladys

Solo Dios transforma mi vida, el pasado me ha generado empatia con el presente y no repetirlo.

Avatar de Gonza

Estoy consiente, que Yo debía romper muchas cosas que heredaban, de mis generaciones anteriores, pero este cambio debo de hacerlo con amor y pidiendo esta transformación Dios

Avatar de Eduardo Martínez Addiego

El hermoso Salmo 45 es un "salmo de esponsales". En los primeros versos le habla al novio, un rey que ya ha elegido a quien amar para siempre. Y ese rey poderoso, justo, brillante, prefigura a Jesucristo.

A partir del versiculo 11 le hablan a ella, a la novia, que viene rodeada por sus amigas que la despiden, que avanza temerosa a su nuevo hogar, que ya no contará con el respaldo de sus padres, y que, finalmente, como esposa, engendrará hijos. La joven tiene miedo a tanto cambio, y el salmista la anima: "A cambio de tus padres tendrás hijos que serán príncipes por toda la tierra". ¿Cuál destino más venturoso puede desear una mujer?

Pero, ¿A qué novia le habla? La novia, ¿a quién representa? La respuesta: a la Iglesia.

Y cada miembro de la comunidad eclesial, avanza como ella: llorando lo que queda atrás, temeroso por el futuro, asustado por los hijos que ha de parir, ¡con dolor!

¿Cada bautizado es TODA la Iglesia? No; es uno de sus miembros. Y como el matrimonio se consumó en el Misterio Pascual, en ese instante Jesucristo la hizo, para si, Iglesia Santa, Pura e Inmaculada. toda para Él.

Así pues, a pesar de mis temblores y pasos atrás frente a A LO NUEVO, que es dejar que Cristo viva en mí, ya participo de la misma vida de la Esposa Santa, Pura e Inmaculada.

Dejemos atrás el pecado; pese a las dificultades, asumamos conscientemente, nuestra participación en la VIDA DIVINA DEL REY.

"Ya no soy yo quien vivo -dijo S. Pablo- es Cristo que vive en mí".