🙏🏻 Sobre el Evangelio de hoy
✍🏻 P. Mauricio Montoya
Pedro pregunta cuántas veces debe perdonar, como si el perdón pudiera tener un límite razonable. Jesús responde «setenta veces siete», porque el perdón cristiano no se mide con una calculadora. No significa ignorar el daño ni hacer como si nada hubiera pasado, sino recordar que también nosotros vivimos de un perdón que no hemos merecido.
La parábola pone el dedo en una contradicción muy humana: podemos pedir misericordia para nuestras propias faltas y, al mismo tiempo, exigir justicia cuando es el otro quien nos ha herido. El problema no es solo que nos cueste perdonar; es que a veces olvidamos cuánto hemos sido perdonados. Quien reconoce la misericordia recibida comienza a mirar al hermano de otra manera.
Perdonar no siempre es olvidar ni significa que la herida desaparezca de un día para otro. A veces es un camino lento, pero comienza cuando dejamos de alimentar el deseo de cobrarle al otro lo que nos hizo.
✅ Check-in espiritual
Perdón. La palabra que todos decimos con facilidad y que casi nadie sabe practicar de verdad. La usamos como salida rápida cuando queremos cerrar una discusión, o la reclamamos como derecho cuando alguien nos hirió y queremos que pague por ello. Pero el perdón real —el que sana, el que libera— es otra cosa. Es más lento, más costoso, y mucho más necesario de lo que solemos admitir.
Muchos cargamos heridas viejas disfrazadas de indiferencia. “Ya lo superé”, decimos, mientras evitamos a esa persona, mientras el recuerdo todavía nos aprieta el pecho, mientras seguimos llevando la cuenta de lo que nos hicieron. No perdonamos, solo enterramos. Y lo que se entierra sin sanar, tarde o temprano vuelve a salir, a veces contra quien menos lo merece.
A veces pensamos que perdonar es decir que no importó, que está bien lo que pasó, que debemos volver a confiar como si nada. Pero perdonar no es fingir que no dolió. Es soltar el derecho a hacer sufrir al otro por lo que nos hizo sufrir a nosotros. Y muchas veces, antes de poder perdonar a alguien más, hace falta perdonarnos a nosotros mismos por lo que no pudimos evitar, por lo que no supimos hacer distinto, por seguir siendo humanos y no haber estado a la altura que hubiésemos querido.
📌 Preguntas para reflexionar:
¿Hay algo o alguien que todavía cargas sin haber soltado del todo, aunque digas que ya lo dejaste atrás?
¿Te cuesta más perdonar a otros o perdonarte a ti mismo?
Hoy, ¿qué paso pequeño podrías dar hacia el perdón, aunque no se sienta completo todavía?
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