Este último año ha sido difícil para mí, y quizá para muchas otras familias que, después de la pandemia, tuvieron que reconstruir su carrera laboral, su círculo social, su rutina espiritual, su salud física o mental, etc. Creo que muchos debemos tenernos más misericordia. Porque si nos miramos desde lo que no hemos alcanzado… nos frustramos.
La vida no es un videojuego que hay que ganar
He aprendido que la vida no es un plan que debemos recorrer como si estuviéramos dentro de un videojuego, presionados por una idea de lo que «debimos haber sido y no somos». En la cultura de hoy hay demasiadas presiones que nos vienen de los discursos de superación, de terapias, de rutinas de ejercicio, de opciones de ingresos. Nos sentimos juzgados constantemente. Yo confieso que incluso el ser «una buena católica» en redes sociales llegó a ser un motivo de ansiedad porque yo sentía que debía seguirme mostrando disponible, confiada, animada, inspiradora.
Dios no mira cuánto haces, sino que existas
Hasta que un día, dentro de llevar un tratamiento de terapia y acompañamiento, entré a la iglesia, y por primera vez sentí que Dios Padre, Hijo y Espíritu me miraban como diciendo: «Nos gusta que estés aquí, en la vida, existiendo; no el cómo estés ni qué tanto estés haciendo… nos alegramos contigo».
Y fue muy bello cómo se conectaba con lo que había dicho mi terapeuta en varias ocasiones, pero yo no entendía por qué: «Oye, te autoexiges mucho. No tienes que ser siempre la que está bien para otros, es humano ser la que descansa y dice que “no”».
Jesús como ese amigo que no te exige perfección
Yo creo que Jesús es así, como una amigo que nos dice: «Ey, yo puedo ver que te estás esforzando por dar lo mejor de ti y no quiero verte sufrir porque no eres perfecta». Amigos o familiares que vemos cómo trabajan mucho en una empresa o que sacan adelante a sus familias y les cuesta mirarse con compasión temiendo dar menos de lo que se espera de ellas o ellos. Somos más prontos a criticar lo que no salió a todo lo que sí salió bien.
Dios entiende tu modo «ahorro de energía»
Dios es ese que nos felicita por cada logro aunque nosotros estemos acostumbrados a verlo como intrascendente, como que es nuestra obligación… pues Dios sabe lo que nos está costando, y eso aplica en todo, incluso en la oración, en nuestra relación con Él, pues, como todas nuestras otras relaciones, Dios entiende que a veces estemos en modo «ahorro de energía» y que incluso, dentro de los problemas fuertes, podamos dudar de que nos esté ayudando, porque nos ahoga la angustia o el miedo.
El ejemplo de María: sin máscaras frente a Dios
Me decía un padre que María no fue Madre de Dios por ser muy hábil, muy fuerte o muy rápida… fue porque era quien era, no tenía máscaras frente a Dios, y sabía que Dios la miraba en lo que era, se sentía incluso pequeñísima, impotente y sin entender qué venía ni cómo iba a resolverlo.
Tratarnos como se trata a un enfermo
En tiempos en que sentimos que el corazón, la mente y el alma están como enfermos… debemos hacer lo que hace un enfermo: tomar reposo, hacer lo justo, no encerrarse demasiado ni forzarse demasiado, cuidar mucho lo que consume tanto lo que ve y escucha como lo que come, tenerse más paciencia, y buscar a un médico, y querer salir de la enfermedad, dejarse ayudar, pero a su ritmo y tomando lo que le ayuda.
Preguntas para hacerte esta semana
¿Cómo puedes reducir tus actividades a lo justo? ¿Cómo puedes animarte y celebrarte pequeños logros pero que para ti son grandes? ¿A qué expectativas de ti debes renunciar para que Dios reintegre lo nuevo a tu historia y dé más vida en un futuro? ¿Qué personas te ayudarían a sanar con paciencia y puedes pedirles apoyo? ¿Qué personas te inspiran a hablarte con cariño y podrías procurar más? ¿Qué puedes aprender de esta etapa de saberte amada/amado por quien eres y no por lo que demuestras? ¿Qué te ha enseñado vivir en más anonimato, silencio y calma en un mundo que nos exige lo opuesto?
✍🏻 Artículo por Sandra Estrada









Justo es esta etapa de mi vida me he sentido tan atraída a la oración contemplativa. El ir al sagrario y sólo mirarlo, postrarme y murmurarle frases de no más de 5 palabras. Verlo, deleitarme en Él y dejar que su presencia lo llene todo a mi alrededor y dentro de mi. Me han caído increíble esas citas de oración.
Gracias por este escrito, me identifico mucho con lo dices aquí. Estoy segura que muchas personas estamos en este momento de ahorro de energía, intentando dejar un poco la autoexigencia y valorar más lo que si hacemos. Necesitamos soltar un poco a Marta y aprender de su hermana María. Como el pasaje donde Jesús visita la casa de Marta y María. Marta se ocupó de preparar todo y se sintió abrumada y enojada porque María no la había ayudado. Jesús le dice con cariño "Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas", y añadió que solo una cosa es necesaria y que María había escogido la mejor parte. Este pasaje nos enseña cómo no se espera de nosotros que seamos los súper humanos que pueden con todo y tampoco condena el trabajo ni el servicio, sino la ansiedad, el exceso de tareas y el estrés que hacen que las personas pierdan la paz.