Moisés puso cuatro excusas. Dios respondió a todas
(Lecciones de Moisés sobre el síndrome del impostor)
Quiero comenzar con una pregunta que quizá no siempre decimos en voz alta: ¿alguna vez has sentido que no estás a la altura de lo que se espera de ti? Que te eligieron… pero no sabes por qué. Que deberías poder… pero no te sientes capaz. Que en cualquier momento alguien va a «descubrir» que no eres tan bueno como creen. A eso hoy lo llamamos «síndrome del impostor». Y aunque suene muy actual, la Biblia ya lo conocía. Porque si hay alguien que vivió profundamente esa experiencia… fue Moisés.Un llamado que no encaja con la propia imagen
Un llamado que no encaja con la propia imagen
Cuando Dios llama a Moisés desde la zarza ardiente (Ex 3), no encuentra a un líder seguro de sí mismo. Encuentra a un hombre que duda. Y no duda poco. Moisés responde con una serie de objeciones que suenan sorprendentemente actuales: «¿Quién soy yo para ir?» (Ex 3,11) «¿Y si no me creen?» (Ex 4,1) «No soy bueno para hablar» (Ex 4,10) «Mejor manda a otro» (Ex 4,13) ¿Te suena? No es rebeldía.
Es inseguridad. Moisés no se siente capaz de la misión que Dios le propone. Y aquí aparece algo clave: Dios no niega su fragilidad… pero tampoco la deja como excusa.
1. Dios no empieza por lo que tú eres, sino por quién es él
La primera respuesta de Dios no es motivacional. No le dice: «tú puedes». Le dice algo mucho más profundo: «Yo estaré contigo» (Ex 3,12). Esto cambia completamente la perspectiva. Porque el centro ya no es la capacidad de Moisés… sino la presencia de Dios.
El filósofo Søren Kierkegaard decía que la fe comienza cuando dejamos de apoyarnos exclusivamente en nosotros mismos y nos abrimos a una relación que nos trasciende (Kierkegaard, 1849). Moisés no es enviado porque sea suficiente. Es enviado porque Dios es fiel.
2. Dios no elimina la inseguridad… la atraviesa contigo
Algo que sorprende en el relato es que Dios no transforma mágicamente a Moisés en un orador brillante o en un líder seguro. Moisés sigue siendo el mismo. Sigue teniendo límites. Sigue sintiendo miedo. Pero ya no está solo.
El teólogo Hans Urs von Balthasar insistía en que la vocación no consiste en dejar de ser frágil, sino en permitir que Dios actúe en esa fragilidad (Balthasar, 1985). Esto es clave para nosotros hoy. Muchas veces esperamos «sentirnos listos» para dar el paso. Pero la fe funciona al revés: damos el paso… y en el camino vamos siendo sostenidos.
3. Dios pone medios concretos (no solo palabras)
Dios no responde solo con promesas abstractas. También da signos concretos. A Moisés le muestra señales (Ex 4,2-9). Le da a Aarón como compañero (Ex 4,14-16). Esto es muy importante. Porque a veces pensamos que la fe es solo algo interior. Pero Dios actúa también a través de mediaciones: personas que nos acompañan oportunidades concretas pequeños signos que nos confirman.
El psicólogo Albert Bandura hablaba de la «autoeficacia» como la confianza que se construye a partir de experiencias concretas, no solo de ideas (Bandura, 1977). Dios parece entender bien esto: no solo llama… también sostiene el proceso.
4. La tentación de huir sigue presente
A pesar de todo, Moisés insiste: «Señor, envía a otro» (Ex 4,13). Es una frase honesta. Pero también revela algo profundo: el deseo de evitar lo que nos supera. ¿Cuántas veces hacemos lo mismo? Sabemos lo que deberíamos hacer… pero buscamos una salida elegante. No porque no queramos el bien. Sino porque nos asusta. Aquí la fe se vuelve concreta. No en grandes ideas, sino en decisiones pequeñas donde elegimos confiar… o retroceder.
5. La misión no depende de que te sientas suficiente
Quizá esta es la lección más liberadora. Moisés nunca llega a ser un líder perfecto. Se equivoca, se cansa, duda. Y aun así… Dios obra a través de él. San Pablo lo dirá siglos después con claridad: «Mi gracia te basta, porque mi poder se manifiesta en la debilidad» (2 Cor 12,9).
Esto rompe una idea muy instalada en nosotros: que para hacer algo significativo necesitamos estar completamente preparados. La fe propone otra cosa: no tienes que ser perfecto para ser instrumento.
Una pregunta para tu vida
Quiero dejarte con una pregunta sencilla, pero muy concreta: ¿Qué es eso que sientes que Dios te está pidiendo… pero no te sientes capaz de hacer?
Tal vez no es algo extraordinario. Puede ser: una conversación pendiente un paso en tu vida personal un servicio concreto una decisión que has estado postergando Ahí, justamente ahí, puede estar tu «zarza ardiente».
¿Te interesa que tu misión trascienda las barreras físicas y llegue a donde la gente realmente está hoy?
Si esta pregunta resuena en ti, te invitamos al PED (Programa de Evangelización Digital). Aquí aprenderás a unir el mensaje del Evangelio con el poder de la tecnología para convertirte en un evangelizador digital de alto impacto.
¡Es el camino para construir una comunidad participativa y transformar miles de vidas desde el entorno digital!
Si quieres saber más sobre esto o cómo ser parte, haz clic en el siguiente botón:






