Hay momentos en que uno siente que se ha alejado de Dios. Tal vez la oración se apagó, la vida se complicó o una decisión dejó culpa y vergüenza. Incluso puede parecer que ya no sabemos cómo regresar. Pero, ¿sabes qué? ¡Sentirse perdido no significa que Dios haya dejado de buscarnos!
Soy muy fan de Fulton Sheen. Él insistía en que la gracia de Dios puede comenzar en cualquier lugar de nuestra vida: incluso en la frustración, el desorden interior o el deseo que no sabemos nombrar. Con motivo de su beatificación, el 24 de septiembre, su reflexión nos recuerda que no hace falta tener todo resuelto para dar el primer paso hacia Dios.
Te comparto 3 puntos de sus reflexiones que pueden ayudarte a reencontrarte con Dios desde donde estás hoy.
1. Empezar desde donde realmente estamos
A veces creemos que primero debemos cambiar para acercarnos a Dios: dejar atrás todas las dudas, ordenar la vida o sentirnos dignos. Sheen propone lo contrario: acercarnos tal como estamos.
Si lo que sentimos es cansancio, podemos comenzar por ahí; si es culpa, miedo o frustración, también eso puede convertirse en el punto de partida.
No hace falta una oración perfecta. Basta una frase sincera: “Dios mío, no sé cómo volver, pero aquí estoy”. Ese gesto pequeño no resuelve todo de inmediato, pero abre una puerta. La gracia puede empezar a actuar en el lugar concreto donde nos encontramos.
2. Dejarse encontrar por la misericordia
En una reflexión sobre la oveja perdida, Sheen recordaba que Jesús no presenta a un Dios indiferente, sino a un Buen Pastor que sale en busca de quien se ha extraviado.
La parábola no es una invitación a desesperar por haberse alejado, sino una razón para esperar: el regreso es posible y la puerta permanece abierta.
Volver puede implicar pasos concretos: retomar la oración, acercarse a una comunidad, hablar con un sacerdote o acudir al sacramento de la Reconciliación. No es necesario hacer todo de golpe. Podemos empezar con aquello que hoy nos resulte posible, confiando en que la misericordia de Dios no se agota por nuestras demoras.
3. Dar un paso, aunque todavía haya dudas
Aunque suene raro, regresar a Dios no siempre comienza con una certeza profunda. No necesariamente. A veces, simplemente es suficiente una pequeña disposición: escuchar una lectura del Evangelio, asistir a misa o pedir ayuda. Sheen veía en la búsqueda humana una respuesta a la búsqueda de Dios: el corazón anhela a Dios, y Dios sale al encuentro de cada persona.
Si hoy te sientes lejos, no necesitas tener el camino entero trazado. Puedes dar un paso y dejar que el siguiente se aclare después.
Volver a Dios no consiste en fingir que nunca nos perdimos, sino en permitir que Él nos encuentre y nos acompañe desde el lugar donde estamos.
✍🏻 Artículo por Mabe Andrada


